El Aporte Masónico al Estado Republicano - Introducción

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Todo estudio cabal de la historia ecuatoriana debe enfocar, de modo indispensable, el papel que la Masonería y los masones jugaron en la vida política y cultural del país. Y ello porque la masonería es una institución que estuvo hermanada a la historia de la nación ecuatoriana desde los matinales orígenes de ésta, y porque sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad han estado presentes en nuestra historia desde la época de Eugenio Espejo y su “Escuela de la Concordia” hasta los tiempos actuales.

Vistos los hechos desde la perspectiva de la historia, podemos apreciar que esta institución filosófica fue el principal agente difusor del pensamiento ilustrado, las ideas de independencia, los principios políticos republicanos y finalmente de muchos proyectos de reforma social aplicados en el país, contribuyendo con su acción a cimentar la vida pública y los derechos ciudadanos. De ahí que su presencia en la sociedad republicana haya sido fundamental para el desarrollo de una conciencia nacional, primero, y para la progresiva democratización del país y el impulso a su progreso, después.

Desde fines del siglo XVIII, la Masonería aportó al país una alternativa de pensamiento libre frente al cerrado monopolio ideológico del sistema colonial, basado en el concepto de “dos Majestades”: el Rey y el Papa. Y no sólo ayudó a romper progresivamente ese monopolio, sino que, desde los albores del siglo XIX, le brindó a la sociedad ecuatoriana un cuerpo de ideas útiles para su desarrollo social y cultural: independencia nacional, democracia republicana, libertad de pensamiento, libertad de prensa, tolerancia política y religiosa, educación pública laica y gratuita, matrimonio civil y divorcio fueron algunas de las ideas–fuerza que la Masonería ecuatoriana aportó para el progreso de la república. Así, pues, sin el ideario de la Masonería y las acciones y luchas concretas de los masones, la república no habría sido la misma y el pueblo ecuatoriano no hubiera alcanzado muchas de sus libertades públicas, o al menos no las hubiera alcanzado en el momento en que efectivamente las alcanzó.

A través de una labor silenciosa y constante, desarrollada en la reserva de sus logias, la Masonería formó moralmente a generaciones enteras de pensadores, artistas, empresarios y políticos ecuatorianos, y los impulsó hacia la conquista de un amplio horizonte de derechos ciudadanos. En sus templos se forjaron espíritus combativos y libérrimos, que soñaron con una Patria libre y lucharon por construirla, como los precursores de la independencia Eugenio Espejo, José Mejía y Juan Pío Montúfar, los líderes patriotas Carlos Montúfar, Manuel Matheu, José de Antepara, José Joaquín de Olmedo, Luis Fernando Vivero, Lorenzo y José de Garaycoa, Francisco María Roca, Rafael Casanova, Juan Francisco Elizalde, y el héroe de Ayacucho mariscal José de Lamar. En esa escuela de moral y amor patriótico se formaron también los ilustres presidentes Vicente Rocafuerte, José María Urbina, Francisco Robles, Eloy Alfaro y Alfredo Baquerizo Moreno, los notables políticos y estadistas Pedro Moncayo, Antonio Elizalde, Pedro Carbo, José Peralta, Abelardo Moncayo, Marcos Espinel, Alberto Guerrero Martínez, Julio Enrique Moreno, Humberto Albornoz, Luis Napoleón Dillon, Abelardo Montalvo, Andrés F. Córdova, Colón Serrano Murillo y Abdón Calderón Muñoz, así como también una pléyade de intelectuales luminosos que han honrado el nombre del Ecuador, tales como Juan Montalvo, consagrado como “el Cervantes americano”; Pío Jaramillo Alvarado, bautizado por la nación como “Doctor en Ecuatorianidades”; Jorge Carrera Andrade, que fuera por varios años candidato al Premio Nóbel de Literatura; Pablo Hanníbal Vela, poeta laureado; José de la Cuadra, afamado escritor de la “Generación del Treinta”; Wenceslao Pareja, reputado poeta modernista; Benjamín Carrión, teórico de la “Nación pequeña” y fundador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana; Gonzalo Zaldumbide, notable escritor y diplomático, José y Alfonso Rumazo González, historiadores de prestigio internacional, este último que fuera candidatizado por el gobierno de Venezuela para el Premio Nóbel de Literatura.

Cabe  precisar  que  la  masonería  forjó  también  el  espíritu  de combatientes por la libertad y la justicia como el general José María Sáenz (hermano de la inefable Manuelita), Nicolás Infante Díaz y Carlos Concha Torres; del coronel Francisco Hall, forjador de juventudes; del coronel Luis Vargas Torres, abanderado y mártir    de    la     Revolución    Liberal, y    de    don    Roberto    Andrade, historiador y periodista infatigable; de militares como Ulpiano Páez, Julio Román, Julio Andrade, Luis Telmo Paz y Miño y de un héroe nacional de la talla del capitán de navío Rafael Morán Valverde, triunfador del combate naval de Jambelí, en 1941. También fue la escuela moral de empresarios responsables y progresistas    como    Juan        Molinari,        Samuel    Koppel,        Maurice Laniado, Luis de J. Valverde,    Juan Illingworth, Rodrigo E. Icaza, Manuel Seminario, Isidoro y Alberto Levy, Eduardo Valenzuela, George Ashton, León Erdstein, Giovanni Pantalone, de técnicos como José Antonio Gómez Gault y Carlos S. Phillips, y de un dirigente laboral y senador funcional por los trabajadores: el maestro Juan José León

Y para no abundar más, concluyamos señalando que en sus filas figuraron también artistas, científicos y educadores que forjaron el espíritu nacional: músicos de la talla de Antonio Neumane (autor de la música del Himno Nacional y director del Primer Conservatorio Nacional), Domingo Brescia (director del Segundo Conservatorio  Nacional  y  animador  de  la  escuela  musical nacionalista), Antonio Cabezas, José Casimiro Arellano,  Claro José y Vicente Blacio, Juan Bautista Luces, Federico M. Borja, José Heleodoro Cárdenas, José Domingo Feraud Guzmán y Francisco Paredes Herrera; pintores como Juan Agustín Guerrero, Joaquín Pinto, Luis Cadena, Carlos Rodríguez Torres y Luis Molinari Flores; científicos y humanistas como Luis Vernaza, Alejandro Mann, Herman Parker, Armando Pareja Coronel y Luis Espinoza Tamayo; educadores como Alejandro Andrade Coello, Leonidas García, Reinaldo Murgueitio y Pablo Guerrero Torres; historiadores como Francisco X. Aguirre Abad, Modesto Chávez Franco, Celiano Monge, Carlos A. Rolando, Gabriel Pino Roca y José Roberto Levi Castillo; juristas como Luis Felipe Borja, José Vicente Trujillo, Víctor Manuel y Modesto Peñaherrera; sociólogos como Alfredo Espinoza Tamayo, Agustín Cueva Sanz y Víctor Gabriel Garcés; periodistas como Manuel Ignacio Murillo, Miguel Valverde, Federico Proaño, Luciano Coral, José Abel y José Santiago Castillo, Ismael Pérez Pazmiño, José Antonio Campos, Francisco Campos, Pedro Pablo Garaicoa, Francisco Falquez Ampuero; artistas de la fotografía como Benjamín Rivadeneira y Carlos Siman, entre otros.

Todos ellos, por medio de sus palabras, sus acciones y su ejemplo, contribuyeron a educar a las nuevas generaciones en una escuela de libertades, amor a la Patria, culto al trabajo, veneración de la cultura y admiración por lo ecuatoriano. Y por eso mismo es una obligación ética de los historiadores, y también de los ciudadanos, el justipreciar aquel enorme aporte que la Orden Masónica y sus hombres hicieron al país desde fines del siglo XVIII, muchas veces arriesgando su vida e integridad personales, que a causa de ello terminaron colocadas bajo la amenaza de la tiranía, el fanatismo o la intolerancia.

En resumen, ese notable aporte masónico a la  nación ecuatoriana bien puede sintetizarse en unas pocas palabras: independencia, soberanía, democracia, tolerancia, beneficencia, Estado laico, educación pública, cultura nacional y progreso.

Jorge Núñez Sánchez M:.M:.
GRAN LOGIA EQUINOCCIAL DEL ECUADOR
R:. L:. S:. Eugenio Espejo Nº 9, 2003 E:. V:.

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